Jane Fonda en MUJER HOY

A los 83 años, la actriz, que pasó de icono a referente social, ha comprometido esta nueva etapa de su vida a denunciar la crisis climática. Lo hace para proteger el futuro de una generación que no ha conocido a la estrella de Hollywood, solo a la activista.

Pincha la imágen para ver 14 feministas con mucho que decir./Ryan pFluger

Pincha la imágen para ver 14 feministas con mucho que decir. / Ryan pFluger

MANU PIÑON

Jane Fonda (Nueva York, 1937) ha sido tantas cosas y con tanta intensidad, que podría prescindir de alguna de sus facetas y seguiría siendo un personaje al que entrevistar durante horas, días, semanas… Pero ella, que dejó la interpretación cuando se casó con el magnate Ted Turner –y la retomó al divorciarse–, jamás ha renunciado a una cosa. Lleva seis décadas entregada al activismo, la vocación a la que más tiempo, recursos y sacrificios ha dedicado.

Feminista, defensora de los derechos civiles y contraria a la guerra de Vietnam a finales de los 60, desde hace tres años se ha convertido en un poderoso altavoz para quienes advierten de la crisis climática. Su libro más reciente, ¿Qué puedo hacer? De la desesperación a la acción (Ediciones Camelot), responde a una pregunta que ha sido constante en su vida. Para ella, fue dejarlo todo y mudarse a Washington D.C. para protestar ante el Capitolio y escuchar a expertos climáticos y líderes que podrían ser sus nietos… y no tienen ni idea de que esta señora fue Barbarella en 1968.

MUJERHOY. El origen de su libro está en una pregunta que le hizo su amiga, la actriz Catherine Keener: «Jane, ¿qué hago yo frente a la crisis climática?».

JANE FONDA. Sí, como supongo que nos la hacemos todos, ¿no? Mucha gente se limita a preguntarse qué puede hacer para mejorar su vida, otros van un poco más allá y piensan en cómo sus acciones pueden mejorar el mundo. Yo llevo mucho, mucho tiempo preocupada por el cambio climático, intentando saber más al respecto y viendo cómo puedo ayudar.

Dada su experiencia, ¿cree que se acepta mejor hoy que una estrella de Hollywood sea también activista?

Dentro de esa comunidad se recibe estupendamente, pero no es a ellos a quienes me dirijo. Hablo a los millones de norteamericanos que son conscientes de esta crisis y no han hecho nada al respecto porque no se lo han pedido. Es por gente así que he escrito este libro, para que al final de cada capítulo encuentren una lista completa de cosas que pueden hacer desde hoy mismo. Lo que de verdad me motiva es que reaccionen. También tengo que aprovechar que ahora estoy en una serie de éxito, Grace y Frankie; el público está más dispuesto a escucharme. Lo sé porque he vivido la situación opuesta.

En el libro hace un reconocimiento expreso a la gente joven con la que ha colaborado en estos últimos años. Asegura que no solo no estaban intimidados, sino que corregían o precisaban algunas de las cosas que usted decía.

¡Por supuesto! Hay que aceptar que no lo sabes todo. Decidí mudarme a Washington D.C. tras hablar con Jennifer Morgan, directora ejecutiva de Greenpeace. Todos los beneficios de este libro van directamente a su organización. Allí me pusieron en contacto con otros líderes del movimiento climático y decidimos realizar un encuentro on-line cada viernes, los Fire Drill Fridays. Así fue cómo conocí a todos estos jóvenes, personas maravillosas que están haciendo una labor encomiable. Cuando me reuní con ellos, tal y como cuento en el libro, entendí enseguida que a su edad nunca tuve tanta seguridad e información como la que disponen ellos. Les admiro muchísimo. Es importante que comprendamos que es por su futuro por el que están luchando. Yo soy mayor ya, me moriré antes de que llegue lo peor. Lo que ellos reclaman es simplemente su futuro, vivir en un mundo en el que puedan ir a la playa y siga habiendo arrecifes de coral y ballenas; que en invierno haya nieve en las montañas y se pueda esquiar. Saben que nada de eso será posible si no nos movilizamos ahora mismo. Solo nos quedan nueve años para reducir a la mitad las emisiones de combustibles fósiles, y hay que hacerlo ya.

En el primer capítulo, habla de su encuentro con una joven vietnamita, Vy Vu, que ignora que usted viajó a su país para manifestarse contra la guerra de Vietnam, lo que le ganó muchos enemigos en EE. UU. y el sobrenombre de Hanoi Jane.

Cuando me preguntó si conocía Hanoi no tuve más remedio que reírme. Fue muy divertido. Pero es lo que pasa, esta es una generación completamente diferente. Y en buena medida es lo que me gusta, que ahora sea posible estar colaborando con una joven vietnamita en un asunto como este.

¿Le sucede cada vez más a menudo, encontrarse con gente que sabe que es famosa, pero no lo que ha hecho?

Procuro no engañarme a mí misma. Hay muchísima gente que no tiene ni idea de quién soy, de si fui una estrella de Hollywood o cualquier otra cosa. No han visto una película mía ni nada que se le parezca. ¿Y sabes qué? ¡Eso es lo maravilloso del activismo! Te pone en contacto con personas que tan solo están preocupadas por los asuntos del día a día. Y así es como me gusta que sea. Disfruto hablando con gente normal sobre problemas universales.

Hay algunos jóvenes que repiten una palabra para desautorizar a las generaciones más adultas: boomer.

A mí no me lo pueden llamar: ¡soy más vieja que un boomer! Quizá a mis hijos podrían decírselo, pero ni siquiera… No sé, sinceramente, no entiendo que se le diga eso a nadie.

¿No se ve en ocasiones tentada de contarles batallitas?

¿Estás de broma? ¿Has leído mis memorias? ¡Está todo contado ahí! Quizá incluso demasiado…

Aunque usted es la autora y el gran reclamo, en el libro, como en sus Fire Drill Fridays, lo importante son los testimonios de otros activistas y expertos. ¿Cómo decide a qué personas presta ese poderoso altavoz?

De una forma bastante natural. Cuando estábamos en Washington D. C. llegaba gente de todas partes en tren, coche, autobús… Muchos no habían participado antes en ninguna protesta, no sabían lo que era la desobediencia civil ni se habían arriesgado a ser arrestados. Fue una experiencia transformadora para muchos de ellos. Y eso es precisamente lo que me interesaba.

Escribe que la desobediencia civil representa los mejores valores de la sociedad estadounidense.

Soy desobediente cuando la situación lo reclama. Si veo que algo está mal, que las personas o los animales están sufriendo y puede evitarse, siempre me esfuerzo por arreglarlo. Aunque eso conlleve que algunos se pongan furiosos conmigo. De hecho, cuando se trata de un asunto importante, esas personas siempre se van a enfadar. En esos casos, soy desobediente.

También recuerda su historia de arrestos: seis en total, de los cuales cuatro han sido en los últimos dos años. ¿Cuántas veces más está dispuesta a acabar en la comisaría?

Muchas, espero. Aunque en realidad lo que me gustaría es que no hiciera falta ninguna más, preferiría que se resolviera el problema. Mientras eso sucede, estoy preparada para correr el riesgo de que me arresten de nuevo. El presidente Biden hizo un montón de promesas durante la campaña electoral respecto a la crisis climática y no está cumpliendo ninguna de ellas. Tiene mucho trabajo pendiente y, por lo tanto, nosotros también.

¿También está decepcionada con el papel de la vicepresidemta Kamala Harris?

Sé que no es una de sus competencias, pero confío en que se involucre también en esta materia. Hay que empujar a esta administración para que tome medidas urgentes. Tenemos la fuerza suficiente para conseguirlo.

La primera vez que la arrestaron, en 1970, por posesión de narcóticos –se comprobó después que eran vitaminas–, compartió celda con una mujer toxicómana con síndrome de abstinencia. ¿Quiénes han sido sus compañeros de calabozo en estas últimas ocasiones?

Solo cucarachas, no había nadie más en la celda. Me trataron bien, ya te imaginas: soy blanca, famosa y popular. Entonces estaba Nixon de presidente y no caía tan bien, así que a aquellos policías les pareció que podían maltratarme y pegarme algunos empujones. Eso ha cambiado, ahora me respetan. Sin embargo, allí sola, con mis cucarachas, pude percibir que a mi alrededor solo había gente de color, casi todos negros. Les oía gritar, llorar y gemir de dolor. La mayoría de ellos. en realidad, tendrían que haber estado en una institución para enfermos mentales y no en una celda. Eso me dejó muy, muy triste…

Su despertar de conciencia se produjo con el movimiento por los derechos civiles, al que siguieron el feminismo, la ecología, la salud mental y el antimilitarismo. Ahora que muchas de esas reivindicaciones han confluido, ¿cree que un cambio sistémico es más posible ahora que nunca?

Sí, y hay una palabra para describirlo: interseccionalidad. Somos mucho más conscientes de que todos los problemas están relacionados entre sí bajo el capitalismo y el patriarcado. Ambos son la consecuencia de esa avaricia de quién ve un animal salvaje y piensa: «oh, qué bien quedaría eso de alfombra en mi casa». Racismo, desigualdad económica, patriarcado, misoginia… Son las diferentes caras de la avaricia, lo que nos aleja de la justicia y la bondad.

Siempre ha sido una persona muy crítica con el papel de EE.UU. en la política exterior, especialmente cuando se trata de su intervención armada en otros países. ¿Cómo valora la salida de las tropas norteamericanas de Afganistán?

Me preocupa en especial la situación en la que han quedado las mujeres afganas. Trabajo con la organización V-Day, que lucha para acabar con la violencia contra las mujeres, y llevábamos una década apoyando un centro allí en el que las jóvenes recibían educación. He seguido con mucho interés el trabajo de las mujeres que han estado luchando allí para favorecer la igualdad y el empoderamiento. Por eso, estoy tan preocupada por lo que están viviendo en estos momentos. De hecho, en los próximos días participaré en una marcha para visibilizar su situación. En Afganistán hubo una guerra que no debió iniciarse, que se produjo por razones que eran falsas. Donald Rumsfeld y Dick Cheney nos metieron en esa guerra y fue un crimen por el que no pagaron Después fue la entrada en Irak, otra guerra innecesaria… No tengo la información suficiente para saber si las tropas se han ido cuando debían o no, pero sí tengo claro que las mujeres están sufriendo las decisiones que nuestros líderes tomaron en su momento.

¿Qué espera de la Conferencia sobre el cambio climático que arranca en Glasgow el próximo 31 de octubre?

No estaré allí porque estamos grabando la última temporada de Grace y Frankie, pero creo que es una buena oportunidad para conseguir que Biden haga lo que debe antes de que deje la presidencia. Si decide hacerlo, tendrá la autoridad moral y política para propiciar el cambio. Eso significa detener la construcción de oleoductos de combustible fósiles, no permitir la prospección en el Golfo de México, no conceder subsidios a las petrolíferas… Esas son algunas de las cosas que puede hacer si quiere ser un auténtico líder. Son las que la ciudadanía le demandamos.

Jane Fonda junto a Lily Tomlin, con quien coprotagoniza desde 2015 la serie Grace y Frankie. / D.R.

Ya que la menciona, ¿está siendo duro despedirse de Grace y Frankie, una serie a la que ha dedicado los últimos seis años?

Está siendo una grabación maravillosa, todos nos queremos muchísimo. Es una pena feliz comprobar que todo llega a su fin y que, a la vez, estamos preparados. Nos pondremos tristes cuando haya que despedirse, pero montaremos una fiesta tremenda para celebrarlo.

En 2018, un momento dulce para usted, estrenó Jane Fonda en cinco actos, un documental con el que hizo las paces con su pasado. ¿Necesitaba comprenderse a sí misma o que lo hicieran los demás tras haber sido malinterpretada tantas veces?

Creo que tenéis cosas más importantes en las que pensar que en mí, sinceramente. No animaría a nadie a peder el tiempo reflexionando sobre las diversas etapas de mi vida, ni siquiera a tratar de entenderme.

Hay un episodio de su vida del que ha hablado poco: el romance que vivió con el productor de cine español José Antonio Sainz de Vicuña.

¡Oh, mi matadorrrrr morrrrreno! [Exclama de repente en español] Yo sin embargo lo recuerdo todo muy bien. Nos mantenemos en contacto y nos escribimos de vez en cuando por correo electrónico a pesar del tiempo que ha pasado. Era y es un hombre maravilloso, sí, un auténtico español, guapísimo, muy divertido, un gran bailarín y tan sexy…

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